sábado, 1 de abril de 2017

MI OBSESIÓN: PART ONE



Cada vez que tengo la oportunidad de conseguirme con un pedazo de algo, relevante, que leer me emociono muchísimo. Soy extremadamente selectiva con lo que leo y dejo procesar. Si alguna vez he leído algo y luego no lo recuerdo, es porque simplemente no fue de mi agrado. Tiendo a ser algo malcriada en ese aspecto.

Esa manía, que siento se vale más de mi (a veces) escaso procesamiento lógico, que de cualquier otra estupidez que yo misma le quiera atribuir, se debe al manejo de la ortografía dentro del texto.

Durante toda mi estadía en el colegio, sobre todo on the bad days, siempre fui dada con las letras, incluso en la actualidad, como leerán, lo sigo siendo, o eso espero. Escribir fue (es) un refugio para muchas cosas, incluyendo el tedio de clases, personas y trivialidades que acompañan los días. Ustedes saben a lo que me refiero.

De esta manera, he ido creando una relación religiosa con todo aquello. Me he hecho partícipe de todo lo que conlleva un buen párrafo, una acertada frase, una excelente cita. Admito que ahora mismo leo muchas de esas cosas, que escribí más joven, y me da cierta pena conmigo misma, porque no era tan cuidadosa con lo que escribía, como yo pensaba que era. Le debo eso a mí falta de lectura. Era medio psicópata al pensar que sin leer podría ser alguna clase de niña prodigio que sabía escribir bien. Bueno, así pensaba. Creo, entonces, que me comía mis cuentos muy bien.

Pero a lo que voy: estoy realmente obsesionada con los buenos hábitos de la escritura. Lo he dicho ¿ya me curé? En las películas, y en la vida real también, dicen que admitir algo es el primer gran paso. Pues lo admito, lo reconozco y no me da pena, porque fácilmente podría estar consumiendo otra calidad,  y cantidad, de obsesiones. Pero heme aquí, escribiendo sobre como un par de comas, acentos, puntos y léxicos han llevado mis maneras de escribir, y leer, a otro nivel. ¿Estoy loca? ¿Ya me llevaron a Barbula?

Para escribir esto, después de meses (por los cuales me disculpo conmigo y con quien me lee) sin colgar nada por estos lados, despegué la cabeza de mi perfectamente colocada almohada, di por interrumpida mi rutina para quedarme dormida (que se trata básicamente de dar vueltas en la cama hasta cansarme) y me digné a tomar mi laptop y darles una cátedra, algo anecdótica, de cómo éstos hábitos me llevan los nervios.

Habrá personas que me conozcan que probablemente pensarán: pero si ella por Whatsapp es un troll y escribe como camionero. Señores, por ese medio todo el mundo es incisivamente incorrecto. Al menos que estés pidiendo disculpas, escribiéndole a la chica que vende las libretas eclécticas de Instagram o estés tratando de convencer a algún enamorado. También aplica para cuando quieres dar un discurso culto, bien entonado y expuesto, sobre cualquier trivialidad que valga la pena. De resto, es simplemente horrores lo que somos capaces de escribir por aquellos lados. Me incluyo. ¿A veces, o siempre? Buena pregunta.

A pesar de esto, sigo teniendo una firme conjetura acerca de cómo debemos escribir. Me cabrea tener que leer ensayos on line, para corroborar alguna actividad de la universidad, o por simple mérito, que tengan incapacidades ortográficas. Conseguirse con comas donde no van es algo incomodísimo, punto donde no los llaman, separaciones donde no tiene cabida, ni pies, ni cabeza. Todo puede sonar totalmente distinto dependiendo de la colocación de lo demás mencionado, puedes crear una alocución lunática en cuestión de segundos, sólo con un par de malas decisiones ortográficas.

Otro detalle pertinente son los acentos. ¡Por Dios! La gente no sabe la apertura abismal que producen en la Tierra cada vez que ponen un acento donde no va, o cuando simplemente no lo colocan. Ésto último, es lo que más me enerva. Imagínense mi cara mientras escribo esto. Decepción pura. No pueden ser así, simplemente es una atrocidad.

Mis amigos, por gracia del Universo, son gente bien hablada, y escrita. Son asertivos con sus palabras y sus respectivos signos. No podría entablar lazos, más allá de lo verbal, con alguien que no sepa redactar correctamente, con todas las de la ley, un párrafo coherente, con fluida calma y sentido. Sonará impertinente, pero es que no lo vislumbro ni un poco. Me da ansiedad. Aunque cabe la posibilidad de enseñar a quién no sepa todo lo anterior, pero creo que es algo estrictamente necesario si se tiene una educación superior, ¿o me equivoco?

Eso de las palabras mal escritas, muchísimo más allá de los acentos y todo lo demás, también es otra arista interesante. Esos errores van caminando en profundidades más extremas. Los X Games del lenguaje. Se trata ya de un estado grave con el idioma. Eso sucede cuando no nos permitimos leer ni siquiera el texto que acompaña la foto de Instagram de equis o ye persona. Que, a veces, eso tampoco ayuda; las salvajadas por esos lados, de vez en cuando, son peores que las de la sección de preguntas de Mercado Libre. Es más sano un libro, una novela, un ensayo, una compilación de sonetos o poemas. Algo que te enriquezca el alma y la capacidad de composición.

Quiero acotar de nuevo que me ha sucedido, que me he equivocado y me he querido meter un tiro, y no reencarnar en nadie. Simplemente morir por pecadora al arte de escribir. Me ocurrió hace unos días en Twitter. Por los dioses griegos, y todos los demás. Qué pena me dio conmigo misma.

Más tarde, otra clase de pena, transformada en dolor, me dio con quién le dio me gusta al mensaje; el pobre o es tan ingenuo como yo, o simplemente lo hizo por caridad: ¿será que si le doy like se da cuenta que inhóspito se escribe así y no como ella lo plasmó? Menos mal me di cuenta, por fortuna de todos, y lo borré. Aunque en los recónditos espacios de la web debe haber mugrientas palabras escritas por mí, estoy segura. Pero como no las estamos buscando, entonces no existen.

Es un tanto ambiguo declarar mi obsesión, y al mismo tiempo lanzarme por la borda al admitir que he cometido mi buena retahíla de errores ortográficos ¿Quién no los ha cometido? No somos perfectos, ni en pensamiento, palabra, obra u omisión. De eso estoy convencida. Pero podemos mejorar el panorama: habituando las manías de leer, de encontrarnos con nuevos léxicos y pasajes. Al hacer de esto una rutina, el acto de escribir, luego, será algo maravilloso; se volverá algo más integro e interesante. La parafernalia con la que podrán adornar será inmensa, y quién los lea aprenderá con ustedes.

Paremos el episodio sanguinario de calarnos errores, y horrores, entre líneas *al menos que sean por Whatsapp, ahí se perdonan, pero sólo un poco*.

Nos leemos pronto. Xx, M's

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P.d: No soy una ávida lectora, me cuesta, a veces, darme tiempo para leer. Pero es necesario habituarnos a las inmensidades que los libros nos dan. Es exquisito poder adentrarse a las historias que, tan gentilmente, nos dan esos maravillosos héroes que son los escritores. Respetemos y valoremos la lectura, por el amor a todas las artes y vidas. Amén.


1 comentario:

  1. Yo soy igual con los "horrores" ortográficos. Y sobre la lectura, yo también la trato como una herramienta para escribir mejor y mejorar mi "craft". A veces dudo en seguir comprando libros o de mi compulsión por no dejar de comprarlos ($$$), pero al final sé que son esenciales para mi cremiento.

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