Cada vez que tengo
la oportunidad de conseguirme con un pedazo de algo, relevante, que leer me
emociono muchísimo. Soy extremadamente selectiva con lo que leo y dejo
procesar. Si alguna vez he leído algo y luego no lo recuerdo, es porque
simplemente no fue de mi agrado. Tiendo a ser algo malcriada en ese aspecto.
Esa manía, que
siento se vale más de mi (a veces) escaso procesamiento lógico, que de
cualquier otra estupidez que yo misma le quiera atribuir, se debe al manejo de
la ortografía dentro del texto.
Durante toda mi
estadía en el colegio, sobre todo on the
bad days, siempre fui dada con las letras, incluso en la actualidad, como
leerán, lo sigo siendo, o eso espero. Escribir fue (es) un refugio para muchas
cosas, incluyendo el tedio de clases, personas y trivialidades que acompañan
los días. Ustedes saben a lo que me refiero.
De esta manera, he
ido creando una relación religiosa con todo aquello. Me he hecho partícipe de
todo lo que conlleva un buen párrafo, una acertada frase, una excelente cita. Admito
que ahora mismo leo muchas de esas cosas, que escribí más joven, y me da cierta
pena conmigo misma, porque no era tan cuidadosa con lo que escribía, como yo
pensaba que era. Le debo eso a mí falta de lectura. Era medio psicópata al
pensar que sin leer podría ser alguna clase de niña prodigio que sabía escribir
bien. Bueno, así pensaba. Creo, entonces, que me comía mis cuentos muy bien.
Pero a lo que voy:
estoy realmente obsesionada con los buenos hábitos de la escritura. Lo he dicho
¿ya me curé? En las películas, y en la vida real también, dicen que admitir
algo es el primer gran paso. Pues lo admito, lo reconozco y no me da pena,
porque fácilmente podría estar consumiendo otra calidad, y cantidad, de obsesiones. Pero heme aquí,
escribiendo sobre como un par de comas, acentos, puntos y léxicos han llevado
mis maneras de escribir, y leer, a otro nivel. ¿Estoy loca? ¿Ya me llevaron a
Barbula?
Para escribir esto,
después de meses (por los cuales me disculpo conmigo y con quien me lee) sin
colgar nada por estos lados, despegué la cabeza de mi perfectamente colocada
almohada, di por interrumpida mi rutina para quedarme dormida (que se trata
básicamente de dar vueltas en la cama hasta cansarme) y me digné a tomar mi
laptop y darles una cátedra, algo anecdótica, de cómo éstos hábitos me llevan
los nervios.
Habrá personas que
me conozcan que probablemente pensarán: pero si ella por Whatsapp es un troll y escribe como camionero. Señores, por ese
medio todo el mundo es incisivamente incorrecto. Al menos que estés pidiendo
disculpas, escribiéndole a la chica que vende las libretas eclécticas de Instagram o estés tratando de convencer a
algún enamorado. También aplica para cuando quieres dar un discurso culto, bien
entonado y expuesto, sobre cualquier trivialidad que valga la pena. De resto,
es simplemente horrores lo que somos capaces de escribir por aquellos lados. Me
incluyo. ¿A veces, o siempre? Buena pregunta.
A pesar de esto,
sigo teniendo una firme conjetura acerca de cómo debemos escribir. Me cabrea
tener que leer ensayos on line, para
corroborar alguna actividad de la universidad, o por simple mérito, que tengan
incapacidades ortográficas. Conseguirse con comas donde no van es algo
incomodísimo, punto donde no los llaman, separaciones donde no tiene cabida, ni
pies, ni cabeza. Todo puede sonar totalmente distinto dependiendo de la
colocación de lo demás mencionado, puedes crear una alocución lunática en
cuestión de segundos, sólo con un par de malas decisiones ortográficas.
Otro detalle
pertinente son los acentos. ¡Por Dios! La gente no sabe la apertura abismal que
producen en la Tierra cada vez que ponen un acento donde no va, o cuando
simplemente no lo colocan. Ésto último, es lo que más me enerva. Imagínense mi
cara mientras escribo esto. Decepción pura. No pueden ser así, simplemente es
una atrocidad.
Mis amigos, por
gracia del Universo, son gente bien hablada, y escrita. Son asertivos con sus
palabras y sus respectivos signos. No podría entablar lazos, más allá de lo
verbal, con alguien que no sepa redactar correctamente, con todas las de la
ley, un párrafo coherente, con fluida calma y sentido. Sonará impertinente,
pero es que no lo vislumbro ni un poco. Me da ansiedad. Aunque cabe la
posibilidad de enseñar a quién no sepa todo lo anterior, pero creo que es algo
estrictamente necesario si se tiene una educación superior, ¿o me equivoco?
Eso de las palabras
mal escritas, muchísimo más allá de los acentos y todo lo demás, también es
otra arista interesante. Esos errores van caminando en profundidades más
extremas. Los X Games del lenguaje.
Se trata ya de un estado grave con el idioma. Eso sucede cuando no nos
permitimos leer ni siquiera el texto que acompaña la foto de Instagram de equis o ye persona. Que, a
veces, eso tampoco ayuda; las salvajadas por esos lados, de vez en cuando, son
peores que las de la sección de preguntas de Mercado Libre. Es más sano un
libro, una novela, un ensayo, una compilación de sonetos o poemas. Algo que te
enriquezca el alma y la capacidad de composición.
Quiero acotar de
nuevo que me ha sucedido, que me he equivocado y me he querido meter un tiro, y
no reencarnar en nadie. Simplemente morir por pecadora al arte de escribir. Me
ocurrió hace unos días en Twitter.
Por los dioses griegos, y todos los demás. Qué pena me dio conmigo misma.
Más tarde, otra
clase de pena, transformada en dolor, me dio con quién le dio me gusta al
mensaje; el pobre o es tan ingenuo como yo, o simplemente lo hizo por caridad:
¿será que si le doy like se da cuenta
que inhóspito se escribe así y no como ella lo plasmó? Menos mal me di cuenta,
por fortuna de todos, y lo borré. Aunque en los recónditos espacios de la web
debe haber mugrientas palabras escritas por mí, estoy segura. Pero como no las
estamos buscando, entonces no existen.
Es un tanto ambiguo
declarar mi obsesión, y al mismo tiempo lanzarme por la borda al admitir que he
cometido mi buena retahíla de errores ortográficos ¿Quién no los ha cometido?
No somos perfectos, ni en pensamiento, palabra, obra u omisión. De eso estoy
convencida. Pero podemos mejorar el panorama: habituando las manías de leer, de
encontrarnos con nuevos léxicos y pasajes. Al hacer de esto una rutina, el acto
de escribir, luego, será algo maravilloso; se volverá algo más integro e
interesante. La parafernalia con la que podrán adornar será inmensa, y quién
los lea aprenderá con ustedes.
Paremos el episodio
sanguinario de calarnos errores, y horrores, entre líneas *al menos que sean
por Whatsapp, ahí se perdonan, pero
sólo un poco*.
Nos leemos pronto. Xx, M's
P.d: No soy una ávida lectora, me cuesta, a veces, darme tiempo para leer. Pero es necesario
habituarnos a las inmensidades que los libros nos dan. Es exquisito poder
adentrarse a las historias que, tan gentilmente, nos dan esos maravillosos
héroes que son los escritores. Respetemos y valoremos la lectura, por el amor a
todas las artes y vidas. Amén.

Yo soy igual con los "horrores" ortográficos. Y sobre la lectura, yo también la trato como una herramienta para escribir mejor y mejorar mi "craft". A veces dudo en seguir comprando libros o de mi compulsión por no dejar de comprarlos ($$$), pero al final sé que son esenciales para mi cremiento.
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