lunes, 3 de octubre de 2016

OK, HABLEMOS

Ultimo post: 1 de julio de 2016´
Motivo: Ambiguo
Solución: En proceso

Sí, han pasado casi 4 semanas. Y sí, no he querido escribirles, ni escribirme por razones muy ambiguas. Razones casi exageradas, que ni en mi cabeza tienen sentido, pues son razones tan mías que no creo que nadie entendería, pero considero es justo explicarlas, o por lo menos tratar de hacerlo.

Desde hace un par de semanas he estado en una melancolía interna demasiado heavy, he tenido mucho tiempo libre y este lo he gastado pensando en estupideces (literal) y cosas muy planas, que no tienen nada que aportar al mundo, especialmente al mío.

Este ciclo vicioso ha tenido la capacidad de absorber mucha de mi energía ante muchas cosas, pues antes de todo esto había estado en una cúspide emocional maravillosa, de esa que les hablé en el último post que redacté que se llama “Etapas de una (re) Evolución”. Me sorprendió mucho lo rápido que puedes llegar a estar en la cima y como poco a poco vas bajando los escalones para encontrarte con la vulnerabilidad y el pesimismo.

Yo entiendo perfectamente que la vida es una constante variable estadística. Tiene graficas hermosas que te regalan momentos casi románticos, pero también tiene sus instantes donde todo parece tan gris y redundante que solo quieres estar solo y volverte casi un robot. Esto me pasa mientras escribo esto y mientras desperdiciaba muchos momentos haciendo y pensando cosas demasiado banales.

A toda esta lista de ingredientes podemos agregarle (por supuesto) la gente y su maravilloso poder de arrastrar malas energías y pésimas vibras. Miren les contaré algo, ya que estamos en este eterno proceso de tratar de conocernos. Yo soy una persona extremadamente sensible, soy propensa a todo tipo de reacción ante cualquier sentido, pero de una manera, a veces, casi exagerada. Por ejemplo, mi presión arterial hace maravillas conmigo, pues es capaz de pintar mi cara en un tono rojo casi atomatado, lo que lleva al usual comentario: ¡Estás roja! NO SHIT? Yo lo sé, mi cuerpo sabe leer y yo, como todos los seres humanos, soy sensorial y adivina: siento.

Pero yo siento diferente, o por lo menos eso pienso yo. Un comentario o acción puede significar miles de cosas en mi cabeza, mi cerebro lo coloca en cualquier posible escenario para tratar de darle sentido y casi siempre termina en el equivocado y bueno es capaz de crearme conflictos internos demasiado agudos y frustrantes, pero soy muy buena escondiendo esos momentos de internalización de oraciones, porque ¿se imaginan viéndome personificar lo que a veces pienso? Creo que mí diagnostico sería muy tajante: maniática.

Entonces voy al grano, las acciones de las personas, y todo lo que aquello conlleva, son algo muy fuerte para mí; mi mamá siempre me ha regañado por eso con un fuerte: ¡te la pasas analizando a todo el mundo! Pero es que ella (como siempre) tiene razón; siempre lo hago y a veces está a mi favor esa manía, pues me lleva a conocer a profundidad a la gente y ayudarla, hasta donde llegue mi capacidad claro está, para así crear vínculos bastante agradables e incluso especiales. Pero como todo, esto tiene su lado oscuro, pues me lleva también a momentos como estos, donde la frustración que tu llevas contigo diariamente se me termina pegando y donde también el pesimismo que cuelgas en tus conversaciones, acaba por definir mis acciones.

Con esto no pretendo malas interpretaciones, yo no vivo en un cuento de hadas o novela romántica, para nada, la vida, como lo dije antes, es un sube y baja constante. Un sube y baja donde se está, incluso a veces sin querer, en procesos de crecimiento de todo tipo. Ante esto hay que tener en cuenta algo: hay que vivir, así sea un ratico pero hacerlo. Simplemente agradecer lo que hay, así sea poco. Simplemente apreciar lo que está a tu lado o incluso frente a ti, pues eso que vives no puedes regresarlo como si se tratara de una película. Los recuerdos son lo más eterno que existe.

Eso, los recuerdos. Saben que entre todo este haber de trivialidades emocionales, me he refugiado en ver películas. Este es uno de mis hobbies preferidos, disfruto mucho adentrarme en la trama de un largometraje, imaginarme ser cada personaje, criticar alguna que otra cosa, emocionarme. Bueno en resumen ser una ejemplar espectadora. Y pues un día me encontré con esta película que se llama “El secreto de sus ojos”. Película argentina demasiado espectacular como para describírselas o si quiera explicárselas, pues verla fue una degustación visual desde que comenzó hasta que terminó. Yo vi ese momento como si me hubiese caído del cielo, era como si la película hubiese querido que la viera, más allá de yo querer o buscar la manera de verla.

Casi terminando la película uno de los personajes claves de la trama le dice al protagonista: Elija bien, que lo único que nos queda son recuerdos. Ahí, en ese momento cuando aquel hombre dijo eso, yo sentí que me lo decían a mí. Sentí esas palabras tan cerca que no las he podido dejar de pensar, porque ¿Qué estoy haciendo? ¿Qué clase de recuerdos me estoy creando? ¿Qué pasa? No entendía, pero después me dije: así sean buenos o malos, recuerdos al fin son y me dejan lecciones sobre todo lo que debo de repetir y lo que rotundamente debo descartar.

Entonces de esa manera me di cuenta que debo depurarme, una vez más. Pero depurarme no de mi misma, porque eso ya lo hice y se los conté. No, debo limpiarme de lo que me rodea, de esa energía consumidora que, lamentándolo mucho, forma parte de mi país y de mucha gente que me rodea y aprecio mucho. De ese pesimismo y arrogancia que me lastiman como una mismísima daga, de esas actitudes enfermizas que me desgastan y sobre todo, de aquello que no me aporta nada, que no me enseña sino me decepciona y consume.

Por eso a partir de hoy, desde el momento en el que haga público este post me retiro de todo que tenga que ver con aquel mundo consumista que pueda tener de manera física y digital. Me desligo del consumo de cualquier tipo. Quiero que mi vida sea más productiva y didáctica, y menos monótona y aburrida. Quiero poder vivir sin depender de un like, o un compartir o un me gusta. Quiero conocer más allá de lo que la pantalla de mi teléfono me muestra todos los días. Quiero poder enamorarme de otra cosa que no sea lo que llevabas puesto hace dos semanas. Quiero poder decir: No, no uso Instagram o No, no tengo Snapchat (aunque esto último lo digo desde hace un tiempo debido a problemas técnicos con mi teléfono, pero ustedes entienden)

Con esto entonces les aviso que puede que me pierda un par de semanas más, pero no dejaré este espacio, a pesar de haberlo pensado, porque créanme que estaba demasiado frustrada conmigo misma y me estaba volviendo loca internamente. Como les dije soy extremadamente sensible y a veces esa sensibilidad también se filtra a través de la escritura, y este portal, junto con la facilidad que me da para comunicarme así sea con un vacío, es algo demasiado personal y bonito como para simplemente dejarlo u olvidarlo. Este lazo que Misfit Letters ha creado en mí es muy mío y dejarlo sería como defraudarme a mí misma, y eso no me gusta.

Así que aquí me mantengo pero un poco alejada, por ahora. Las redes sociales son un bye bye hasta nuevo aviso, eso incluye la cuenta del blog en Instagram. Deseo poder vivir sin likes de personas que en realidad no me conocen o favoritos de gente que no saben de mis gustos. Ahora mismo quiero muchas cosas y entre esas no está ni las malas vibras, ni las quejas, ni nada que me perturbe y me aleje de mi felicidad y mi cúspide emocional.


Espero entiendan lo que les narro, aunque no está en su potestad entenderme pues esto lo escribo esencialmente para resguardar mi cordura pero como siempre les digo: yo no sé quién está detrás de esto que escribo y no sé de qué manera pueda o no ayudarlos, así que esto es un propósito compartido.

Nos leemos pronto. Xx, M’s.

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