Ultimo post: 1 de julio de 2016´
Motivo: Ambiguo
Solución: En proceso
Sí,
han pasado casi 4 semanas. Y sí, no he querido escribirles, ni escribirme por
razones muy ambiguas. Razones casi exageradas, que ni en mi cabeza tienen
sentido, pues son razones tan mías que no creo que nadie entendería, pero considero
es justo explicarlas, o por lo menos tratar de hacerlo.
Desde
hace un par de semanas he estado en una melancolía interna demasiado heavy, he
tenido mucho tiempo libre y este lo he gastado pensando en estupideces
(literal) y cosas muy planas, que no tienen nada que aportar al mundo, especialmente
al mío.
Este
ciclo vicioso ha tenido la capacidad de absorber mucha de mi energía ante
muchas cosas, pues antes de todo esto había estado en una cúspide emocional
maravillosa, de esa que les hablé en el último post que redacté que se llama
“Etapas de una (re) Evolución”. Me sorprendió mucho lo rápido que puedes llegar
a estar en la cima y como poco a poco vas bajando los escalones para
encontrarte con la vulnerabilidad y el pesimismo.
Yo
entiendo perfectamente que la vida es una constante variable estadística. Tiene
graficas hermosas que te regalan momentos casi románticos, pero también tiene
sus instantes donde todo parece tan gris y redundante que solo quieres estar
solo y volverte casi un robot. Esto me pasa mientras escribo esto y mientras
desperdiciaba muchos momentos haciendo y pensando cosas demasiado banales.
A
toda esta lista de ingredientes podemos agregarle (por supuesto) la gente y su
maravilloso poder de arrastrar malas energías y pésimas vibras. Miren les
contaré algo, ya que estamos en este eterno proceso de tratar de conocernos. Yo
soy una persona extremadamente sensible, soy propensa a todo tipo de reacción
ante cualquier sentido, pero de una manera, a veces, casi exagerada. Por
ejemplo, mi presión arterial hace maravillas conmigo, pues es capaz de pintar
mi cara en un tono rojo casi atomatado, lo que lleva al usual comentario: ¡Estás
roja! NO SHIT? Yo lo sé, mi cuerpo sabe leer y yo, como todos los seres
humanos, soy sensorial y adivina: siento.
Pero
yo siento diferente, o por lo menos eso pienso yo. Un comentario o acción puede
significar miles de cosas en mi cabeza, mi cerebro lo coloca en cualquier
posible escenario para tratar de darle sentido y casi siempre termina en el
equivocado y bueno es capaz de crearme conflictos internos demasiado agudos y
frustrantes, pero soy muy buena escondiendo esos momentos de internalización de
oraciones, porque ¿se imaginan viéndome personificar lo que a veces pienso?
Creo que mí diagnostico sería muy tajante: maniática.
Entonces
voy al grano, las acciones de las personas, y todo lo que aquello conlleva, son
algo muy fuerte para mí; mi mamá siempre me ha regañado por eso con un fuerte:
¡te la pasas analizando a todo el mundo! Pero es que ella (como siempre) tiene
razón; siempre lo hago y a veces está a mi favor esa manía, pues me lleva a
conocer a profundidad a la gente y ayudarla, hasta donde llegue mi capacidad
claro está, para así crear vínculos bastante agradables e incluso especiales.
Pero como todo, esto tiene su lado oscuro, pues me lleva también a momentos
como estos, donde la frustración que tu llevas contigo diariamente se me
termina pegando y donde también el pesimismo que cuelgas en tus conversaciones,
acaba por definir mis acciones.
Con
esto no pretendo malas interpretaciones, yo no vivo en un cuento de hadas o novela
romántica, para nada, la vida, como lo dije antes, es un sube y baja constante.
Un sube y baja donde se está, incluso a veces sin querer, en procesos de
crecimiento de todo tipo. Ante esto hay que tener en cuenta algo: hay que
vivir, así sea un ratico pero hacerlo. Simplemente agradecer lo que hay, así
sea poco. Simplemente apreciar lo que está a tu lado o incluso frente a ti,
pues eso que vives no puedes regresarlo como si se tratara de una película. Los
recuerdos son lo más eterno que existe.
Eso,
los recuerdos. Saben que entre todo este haber de trivialidades emocionales, me
he refugiado en ver películas. Este es uno de mis hobbies preferidos, disfruto
mucho adentrarme en la trama de un largometraje, imaginarme ser cada personaje,
criticar alguna que otra cosa, emocionarme. Bueno en resumen ser una ejemplar
espectadora. Y pues un día me encontré con esta película que se llama “El
secreto de sus ojos”. Película argentina demasiado espectacular como para
describírselas o si quiera explicárselas, pues verla fue una degustación visual
desde que comenzó hasta que terminó. Yo vi ese momento como si me hubiese caído
del cielo, era como si la película hubiese querido que la viera, más allá de yo
querer o buscar la manera de verla.
Casi
terminando la película uno de los personajes claves de la trama le dice al
protagonista: Elija bien, que lo único que nos queda son recuerdos. Ahí, en ese
momento cuando aquel hombre dijo eso, yo sentí que me lo decían a mí. Sentí
esas palabras tan cerca que no las he podido dejar de pensar, porque ¿Qué estoy
haciendo? ¿Qué clase de recuerdos me estoy creando? ¿Qué pasa? No entendía,
pero después me dije: así sean buenos o malos, recuerdos al fin son y me dejan
lecciones sobre todo lo que debo de repetir y lo que rotundamente debo descartar.
Entonces
de esa manera me di cuenta que debo depurarme, una vez más. Pero depurarme no
de mi misma, porque eso ya lo hice y se los conté. No, debo limpiarme de lo que
me rodea, de esa energía consumidora que, lamentándolo mucho, forma parte de mi
país y de mucha gente que me rodea y aprecio mucho. De ese pesimismo y
arrogancia que me lastiman como una mismísima daga, de esas actitudes
enfermizas que me desgastan y sobre todo, de aquello que no me aporta nada, que
no me enseña sino me decepciona y consume.
Por
eso a partir de hoy, desde el momento en el que haga público este post me
retiro de todo que tenga que ver con aquel mundo consumista que pueda tener de
manera física y digital. Me desligo del consumo de cualquier tipo. Quiero que
mi vida sea más productiva y didáctica, y menos monótona y aburrida. Quiero
poder vivir sin depender de un like, o un compartir o un me gusta. Quiero
conocer más allá de lo que la pantalla de mi teléfono me muestra todos los
días. Quiero poder enamorarme de otra cosa que no sea lo que llevabas puesto
hace dos semanas. Quiero poder decir: No, no uso Instagram o No, no tengo
Snapchat (aunque esto último lo digo desde hace un tiempo debido a problemas
técnicos con mi teléfono, pero ustedes entienden)
Con
esto entonces les aviso que puede que me pierda un par de semanas más, pero no
dejaré este espacio, a pesar de haberlo pensado, porque créanme que estaba
demasiado frustrada conmigo misma y me estaba volviendo loca internamente. Como
les dije soy extremadamente sensible y a veces esa sensibilidad también se filtra
a través de la escritura, y este portal, junto con la facilidad que me da para
comunicarme así sea con un vacío, es algo demasiado personal y bonito como para
simplemente dejarlo u olvidarlo. Este lazo que Misfit Letters ha creado en mí
es muy mío y dejarlo sería como defraudarme a mí misma, y eso no me gusta.
Así
que aquí me mantengo pero un poco alejada, por ahora. Las redes sociales son un
bye bye hasta nuevo aviso, eso incluye la cuenta del blog en Instagram. Deseo
poder vivir sin likes de personas que en realidad no me conocen o favoritos de
gente que no saben de mis gustos. Ahora mismo quiero muchas cosas y entre esas
no está ni las malas vibras, ni las quejas, ni nada que me perturbe y me aleje
de mi felicidad y mi cúspide emocional.
Espero
entiendan lo que les narro, aunque no está en su potestad entenderme pues esto
lo escribo esencialmente para resguardar mi cordura pero como siempre les digo:
yo no sé quién está detrás de esto que escribo y no sé de qué manera pueda o no
ayudarlos, así que esto es un propósito compartido.
Nos leemos pronto. Xx, M’s.
me gusto
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