Yo creo que
la gran mayoría de la gente que me conoce sabe que me he convertido en una fiel
defensora del género femenino, no que antes no lo fuera, pero creo que ya no callo ciertas cosas y ésta, en definitiva es una de ellas. Quedarme
callada ante injusticias, de cualquier índole, se me hace una tarea difícil.
Es así como, hace ya un
par de semanas mientras rondaba por mis redes sociales, me encuentro con un artículo
que hablaba sobre un caso de violación en la universidad de Stanford en
California. Al leer el escrito completo, la sensación que tuve fue
extremadamente desagradable. ¿Por qué? Muy simple, el bastardo (el violador),
Brock Turner, fue sentenciado solo a seis meses de cárcel debido a que el juez que lleva el caso consideraba que más tiempo podría ser “perjudicial para las condiciones del
acusado”.
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| Dibujos de la artista visual peruana María María Acha-Kutscher en representación a la lucha contra los actos de violación, a través de los años, por parte de las mujeres |
La
sentencia me produjo una agitación indescriptible, más que injusta me parecía
mentira. Parecía sacada de una película donde al juez le pagan por dar una
sentencia volteada o peor aún, falsa. A pesar de todo, no me parecía extraño todo
lo que leía, pues las violaciones y la denigración femenina son realidades muy
tajantes y constantes.
¿Cómo se
esto? Sencillo, si colocamos un sistema de medición, encuestamos al público y
les damos dos posibilidades: es culpa de la victima/es culpa del violador. Los
resultados serían muy exactos y habría una mayoría considerable ante la opción número
uno: es culpa de la victima.
Parece
increíble considerando que vivimos en un mundo “más amplio” pero estos
resultados no los formule yo deliberadamente, son respuestas que marcan las
paredes de la sociedad en donde vivimos. De aquella sociedad que habla del
respeto, pero no lo practica. De aquella que profesa su admiración ante las
mujeres, pero “fue su culpa por haber tomado tanto ese día”.
¿El tomar
más de lo debido me hace calificada para una violación? ¿El que mi cuerpo se
encuentre en un estado de inconsciencia te da el derecho a ti de atacarme
sexualmente? ¿Acaso soy yo un juguete sexual? Estas preguntas no son capaces de
simplificar el peso que tiene la cultura de violación en nuestro día a día.
Yo traté de imaginarme la escena de esa chica, inconsciente, sin ningún poder sobre las respuestas
de su cuerpo y la hostilidad y autoridad que el bastardo tuvo que haber
ejercido ante ella. Me lo imaginé y no quise imaginármelo más. Porque ¡Ya
basta!.
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| "Los violadores violan gente no atuendos" |
Basta de
injusticias e impugnaciones ante el respeto, la humanidad y la integridad de
las victimas de estos ataques. No deseo vivir en una sociedad que tolere el maltrato femenino de
cualquier tipo, que permita la acción de bajezas tan grandes como es la de este
caso y la realidad que viven mujeres alrededor del mundo, donde se nos trata
como objetos y no como seres pensantes. Donde el ser hombre es un privilegio y
el ser mujer una desgracia.
Donde se
permita crecer en un hogar en el cual la mujer es minimizada y el hombre
magnificado. Uno donde un padre haga pública una carta de “indignación” ante la
acusación que se le hace a su hijo por unos simples “minutos de diversión”, tal
como es el caso del padre de Brock Turner. Uno donde las
agallas no tienen limite.
Definitivamente
me sigue sorprendiendo la inmoralidad ante estos casos. Porque ante los ojos
del mundo y sus encuestados, como lo mencione arriba, es la victima quien tiene
la culpa, es ella quien siempre se pasa con las copas y quien debería ser más
cuidadosa con sus decisiones. Porque definitivamente el género siempre tiene más
peso que el mismísimo acto de sentencia ante la vejación humana, como lo es
violar las decisiones de alguien ante su cuerpo. Porque según las estadísticas
siempre seré yo y no el.
Ya que fue
ella quien no grito lo suficiente para que no la violaran o peleó lo suficiente
para que no la tocaran, porque ¿Qué hacia ella ahí? ¿Por qué no estaba en su dormitorio
leyendo o durmiendo? ¿Qué hacia disfrutando de una noche de fiesta como
cualquier otra, donde la bebida es solo eso y ni el combustible para que la
violen?
Preguntas nuevamente complicadas para las
estadísticas, las cuales la sociedad todavía no está preparada para responder,
pues no todos saben el concepto de defensa de género y mucho menos el de
respeto. Seguimos viviendo en un mundo con muchas preguntas y pocas respuestas.
Qué triste, que triste para mí y para ti. Para mis hijos y los tuyos. Para la
sentencia de seis meses de Brock Turner y la sentencia de por vida de su
víctima.
Este caso y
todo lo que conlleva, es un ejemplo perfecto de que las violaciones son un tema a flor de piel. Es una incisiva verdad ante la
cual miles de mujeres, en todo el mundo, viven. Donde su cuerpo es simplemente
eso, un cuerpo. No existe más ante los ojos de aquellos monstruos que toman su
integridad sin permiso y que se hacen llamar humanos, cuando en ellos no existe
humanidad, pues en ellos no hay vida. Qué triste existir y no tener vida. Que
hipocresía.
Qué triste
que la lucha siga siendo minoría y no una mayoría necesaria, un mundo lleno de
irrespeto e impulsos, es un mundo muy basura. Qué lamentable que estos actos sean
considerados comunes, como si se tratara de cotidianidades como caminar o respirar. Como si fuese una mentira o excusa más para ser
consideradas débiles o peor aún las causantes del ataque.
A pesar de
las suposiciones o pensamientos colectivos, todavía existe una luz después de
este túnel tan asqueroso, pues ante todo la mujer sigue siendo un fidedigno
ejemplo de fuerza, pues en nosotras existe humanidad y
representamos vida. Somos todo aquello que ni Brock Turner, ni su padre ni
ningún otro bastardo son. Somos valentía y resistencia. Somos una fuerza real y
tajante. No somos un juguete, ni unos minutos de entretenimiento ni mucho menos
un producto. ¡Somos nosotras siempre! Pues yo no le pertenezco a nadie más que
a mí misma.
En
definitiva la persona capaz de cometer un acto de violación, maltrato o vegación ante la mujer es un bastardo sin gloria ni pena, ni pena ni gloria.
Es un cuerpo pero sin alma, es un hombre pero sin agallas, es simplemente una
firma para su acto: un violador. No existe más para él. No hay más que pueda
describirlo.
Pero si hay más que se puede hacer para que no exista ni una
violación, maltrato o vejación más. Para que existan más hombres y menos
bastardos. Para que existan mejores historias y menos sentencias. Para que tú y
yo podamos ser uno, pero un uno donde yo no me sienta obligada o maltratada. Un
uno donde exista armonía y respeto. Donde yo sea yo y tú sea tu.
Todo viene
de la mano de cada uno de nosotros, de todos lo que conformamos esta sociedad
que se mancha con la injusticia y el irrespeto. Está en nosotros poder
transformar este triste ejemplo en una oportunidad para hacer las cosas mejores
y demostrar que la culpa no es mía, ni tuya, sino de aquel que solo busca unos minutos de placer. Está en el respeto y conciencia de todos poder acabar con la cultura de violación.
Xx, M's




Agree. :(
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